Cada cierto tiempo, una incautación de fentanilo en España vuelve a los titulares acompañada de la etiqueta «droga zombi» y de la comparación con la crisis de los opioides en Estados Unidos. Conviene separar lo que está documentado de lo que no, porque el riesgo real en nuestro entorno existe, pero no está donde lo sitúan los titulares.

Qué es el fentanilo

Es un opioide sintético de uso médico, muy potente: las referencias habituales lo sitúan entre 50 y 100 veces por encima de la morfina a igualdad de dosis. En medicina se usa en anestesia y en el tratamiento del dolor intenso, con presentaciones muy controladas —parches transdérmicos, comprimidos para administración bucal, pulverizadores nasales— precisamente porque el margen entre la dosis útil y la peligrosa es estrecho.

El fentanilo de fabricación ilícita es otra cosa: llega en polvo, impregnado en papel, en frascos de gotas o en comprimidos que imitan el aspecto de medicamentos. No tiene color ni olor característicos, de modo que no se puede identificar a simple vista.

Sobre la etiqueta «droga zombi»: la prensa la usó primero para la xilacina, un sedante de uso veterinario que en Estados Unidos aparece mezclado con fentanilo y provoca lesiones cutáneas graves, y después se ha ido aplicando a cualquier opioide potente. No describe un efecto del fentanilo ni aporta nada clínicamente.

Qué dicen los datos sobre España

El estudio De los fentanilos a los nitazenos, elaborado para la Federación Española de Municipios y Provincias en el marco del Plan Nacional sobre Drogas, es claro al respecto: en España la oferta de opioides sintéticos de este tipo es prácticamente inexistente, con pruebas limitadas en decomisos y notificaciones a las autoridades, y la amenaza de sobredosis se considera baja. La explicación que dan los autores es doble: las bandas criminales no han mostrado interés por los opioides sintéticos y la heroína sigue estando disponible, de modo que no hay el hueco de mercado que sí se abrió en Estados Unidos.

Eso no significa que el asunto no merezca atención. Significa que, a día de hoy, el escenario español no es el norteamericano, y que las incautaciones puntuales no equivalen a un mercado establecido en la calle.

Dónde está el problema real en España: el medicamento

El fentanilo que ha causado problemas en nuestro país ha llegado sobre todo por la vía de la prescripción. La Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios publicó una nota informativa precisamente por eso: las presentaciones de fentanilo de liberación inmediata están autorizadas únicamente para el dolor irruptivo de origen oncológico en adultos que ya reciben otro opioide de base, y la agencia constató un aumento de su uso con un porcentaje elevado de tratamientos que no cumplían esas condiciones, con el consiguiente riesgo de abuso y dependencia. Según la información recogida por la propia agencia, en una proporción elevada de los casos de abuso o dependencia notificados el fármaco se había utilizado para dolor no oncológico, una indicación no autorizada.

Esto es lo que vemos en consulta: no personas que compran fentanilo en la calle, sino pacientes que empezaron con una prescripción médica por dolor y han desarrollado una dependencia del fármaco. Es una adicción con una particularidad: comenzó en una consulta médica, y eso añade una carga de confusión y de culpa que conviene desarmar cuanto antes. Conviene recordar que la adicción es un trastorno, no una falta de voluntad.

Señales de que la relación con el fármaco ha cambiado

  • Se necesitan dosis mayores para el mismo alivio, o se adelanta la siguiente toma.
  • Se usa para otras cosas distintas del dolor: dormir, calmar la ansiedad, sobrellevar el día.
  • Las recetas se acaban antes de tiempo, o se consigue el fármaco por más de una vía.
  • Aparece malestar físico —inquietud, sudoración, dolor difuso, insomnio— cuando se retrasa una toma.
  • Se ha intentado dejarlo y no se ha podido, o la idea de quedarse sin él genera angustia.

El riesgo de sobredosis y cómo reconocerla

El fentanilo, como todos los opioides, deprime la respiración: actúa sobre los receptores opioides del tronco del encéfalo, donde está el centro que regula el ritmo respiratorio. En una sobredosis, la respiración se vuelve lenta y superficial hasta detenerse, y es eso —y no el corazón— lo primero que falla.

Las señales son reconocibles: la persona no responde a estímulos, respira muy despacio o hace ruidos como ronquidos, tiene los labios o las uñas azulados y las pupilas muy pequeñas. Es una urgencia sanitaria inmediata. Existe un antídoto, la naloxona, que revierte el efecto del opioide y que utilizan los servicios de emergencia; mientras llega la ayuda, conviene no dejar sola a la persona y colocarla de lado.

El riesgo se multiplica con la mezcla: cuando el fentanilo aparece adulterando otra sustancia, quien la consume no sabe lo que está tomando ni en qué cantidad, y una dosis que parecía habitual puede no serlo. Con alcohol o benzodiacepinas, el efecto depresor se suma.

Cómo se trata en uniadic

La retirada de un opioide no se improvisa. El proceso empieza con una valoración médica que decide cómo se cubre la fase de abstinencia —con qué pauta y si procede de forma ambulatoria o with admission—, y con una valoración psicológica del cuadro completo: el dolor que había debajo, el estado de ánimo, el sueño y las consecuencias que ha habido.

Después, el trabajo es psicoterapéutico e individual, con el Unified Transdiagnostic Model como marco. Cuando hay un dolor crónico de base, la coordinación con quien lo trata es parte del plan: el objetivo no es dejar a nadie sin tratamiento para el dolor, sino que el tratamiento del dolor deje de ser el problema. Si además existe un trastorno mental asociado, hablamos de dual diagnosis y se atienden las dos cosas a la vez. Puede verse el abordaje completo en tratamiento de la adicción a opioides y, para los opioides sintéticos de aparición reciente, en tratamiento de nitazenos.

Las sesiones son presenciales en nuestro centro de Chamberí, en Santa Engracia 141, o por videollamada. La frecuencia la decide el profesional después de la primera valoración y cada proceso es distinto: no trabajamos con plazos cerrados.

Fuentes

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    Escrito por Alfonso Royo Argandoña
    Psicólogo General Sanitario (Col. M-38314). Especialista en evaluación y tratamiento de adicciones y patología dual en UniAdic (Madrid). Conoce al equipo →