La ketamina ocupa hoy dos lugares muy distintos: es un anestésico con décadas de uso hospitalario y la base de un medicamento autorizado para la depresión resistente, y a la vez es una sustancia cuyo consumo recreativo ha aumentado en los últimos años. Esa doble condición genera una confusión que en consulta tiene consecuencias: hay quien consume pensando que, si es un medicamento para la depresión, consumirla no puede ser tan grave. No es así, y la diferencia está en la dosis, el control y el contexto.
Qué es la ketamina
Es una sustancia sintética desarrollada en 1962, de la misma familia química que la fenciclidina. Su mecanismo principal es el bloqueo del receptor NMDA del glutamato, y de ahí vienen sus dos efectos característicos: una analgesia profunda y un estado disociativo, esa sensación de desconexión del propio cuerpo y del entorno. En medicina se usa como anestésico de corta duración —figura en la lista de medicamentos esenciales de la Organización Mundial de la Salud— y también en el manejo de algunos dolores crónicos.
A diferencia de otras sustancias, su efecto depende mucho de la dosis: a dosis bajas produce distorsión perceptiva y sensación de ligereza; a dosis algo mayores, desconexión completa del entorno, inmovilidad y amnesia del episodio, lo que en el argot se llama «agujero». Entre una cosa y otra puede haber muy poca diferencia de cantidad, y esa es la clave del riesgo cuando no hay nadie controlando la dosis.
Ketamina y esketamina: qué cambia exactamente
Hay moléculas que son idénticas en composición pero no superponibles en el espacio, como la mano derecha y la izquierda. Se llaman enantiómeros y se nombran con las letras R y S. La ketamina de uso clásico es una mezcla racémica: contiene las dos formas a partes iguales. La esketamina es solo el enantiómero S, aislado.
Esa diferencia no es cosmética: la forma S tiene bastante más afinidad por el receptor NMDA, de modo que hace falta menos cantidad para el mismo efecto sobre esa diana. Sobre esa base se desarrolló un medicamento en pulverizador nasal, autorizado en la Unión Europea el 18 de diciembre de 2019, con unas condiciones de uso muy concretas:
- Está indicado en adultos con depresión mayor resistente al tratamiento, es decir, cuando no ha habido respuesta a al menos dos tratamientos antidepresivos distintos dentro del episodio depresivo actual.
- No se usa solo: se administra en combinación con un antidepresivo oral (un ISRS o un IRSN).
- Se administra en la consulta, bajo supervisión directa de un profesional sanitario, con observación posterior del paciente. No es un tratamiento que se lleve a casa.
Dicho de otro modo: lo que está autorizado es un medicamento, con una indicación estrecha, una dosificación exacta y un sanitario delante. Nada de eso se parece a consumir ketamina en una fiesta.
Lo que conviene matizar del titular «la ketamina cura la depresión»
La investigación en este campo es seria y los resultados en depresión resistente han sido relevantes, en particular por la rapidez con la que aparece la mejoría frente a los antidepresivos clásicos. Pero hay matices que casi nunca aparecen en los titulares: la indicación es restringida, los efectos adversos durante la administración son frecuentes —disociación, mareo, náuseas, subida de la tensión arterial—, por eso existe la observación posterior, y el efecto no es permanente, de modo que el tratamiento se plantea como un ciclo pautado y no como una dosis única.
En consulta vemos además una consecuencia indirecta de esos titulares: personas que, con un cuadro depresivo real, prueban ketamina por su cuenta buscando ese efecto. Lo que observamos con frecuencia es lo contrario de lo que buscaban: un alivio breve, un empeoramiento del ánimo en los días siguientes y, con la repetición, un problema añadido al que ya tenían.
La otra cara: la ketamina de consumo
La ketamina que circula fuera del circuito sanitario llega en polvo y casi nunca con la pureza que se supone. Tres riesgos concretos:
- La dosis es una incógnita. La misma cantidad de polvo puede tener efectos muy distintos según la concentración, y el margen entre «ligero» y «desconexión completa» es pequeño. Una pérdida de consciencia requiere atención sanitaria urgente; mientras llega, conviene colocar a la persona de lado para reducir el riesgo de broncoaspiración si vomita, y no dejarla sola.
- Las mezclas son el peligro principal. Con alcohol, GHB o benzodiacepinas, el efecto sedante se suma y la respiración se deprime.
- Casi nunca va sola. La ketamina es el componente principal de lo que se vende como tusi, tucibi o «cocaína rosa»: según los análisis de Energy Control, su concentración media en esas muestras llegó al 48,3 % en 2024. Muchas personas que consumen tusi no saben que están consumiendo sobre todo ketamina y MDMA. También aparece en contextos de chemsex, junto a mefedrona o GHB.
El daño que más nos preocupa: la vejiga
Es la consecuencia menos conocida y una de las más graves. El consumo sostenido de ketamina puede provocar una uropatía: dolor al orinar, necesidad constante de hacerlo, sangre en la orina y, con el tiempo, una pérdida de capacidad de la vejiga que puede llegar a afectar al riñón.
Una revisión publicada en 2023 reunió los casos documentados en la literatura médica: de 875 pacientes con uropatía por ketamina, el 22 % necesitó cirugía reconstructiva o una derivación urinaria. Conviene leer ese dato con cautela: se trata de casos publicados, habitualmente los más graves, de modo que la proporción no puede trasladarse sin más al conjunto de personas que consumen. Los autores señalan algo más inquietante: entre quienes llegaron a necesitar cirugía y quienes no, la diferencia media de tiempo de consumo era de apenas un año (4,4 frente a 3,4 años), y la evolución hacia un daño vesical avanzado e irreversible puede producirse en pocos meses.
A esto se suman la tolerancia rápida —hace falta más cantidad para el mismo efecto, y es lo que explica que el consumo pase del fin de semana a entre semana— y las dificultades de memoria y atención asociadas al consumo continuado.
Preguntas que nos hacen a menudo
«¿La ketamina engancha?» No produce un síndrome de abstinencia físico comparable al del alcohol o los opioides, y de ahí viene la idea de que es inofensiva. Lo que sí produce es tolerancia rápida y un deseo intenso de repetir, que es el mecanismo por el que el consumo se instala. La dependencia, en este caso, se construye por esa vía.
«¿Sale en un análisis de drogas?» Los análisis de orina habituales no la buscan: los paneles de cribado más comunes no la incluyen y hace falta una prueba específica para detectarla. Eso explica que muchos consumos pasen desapercibidos en revisiones laborales o médicas.
«¿Es legal?» En España la ketamina es un medicamento sujeto a prescripción médica. Su venta y su distribución fuera de ese circuito están prohibidas, la tenencia y el consumo en lugares públicos pueden sancionarse por vía administrativa, y lo que se vende en la calle no tiene ningún control de contenido ni de concentración.
«Tengo molestias al orinar, ¿se me va a pasar?» En fases iniciales, los síntomas urinarios suelen mejorar si se interrumpe el consumo; cuando el daño en la pared de la vejiga ya está establecido, no se recupera solo. Por eso conviene consultarlo pronto, y decir en la consulta que hay consumo de ketamina: sin ese dato, el cuadro urinario se diagnostica mal.
Cuándo deja de ser «solo los fines de semana»
- La cantidad sube y el consumo se adelanta a días que antes no eran de fiesta.
- Aparecen molestias urinarias y, pese a ello, el consumo no se interrumpe.
- Hay lagunas de memoria o dificultad para concentrarse que persisten entre consumos.
- Ha habido intentos de parar o reducir por cuenta propia sin conseguirlo.
- El plan de ocio se organiza en función de si va a haber sustancia.
Cómo lo tratamos en uniadic
El tratamiento es ambulatorio y empieza con una valoración médica y psicológica: qué se consume y en qué cantidad, desde cuándo, si hay síntomas urinarios que requieran derivación a urología, y qué hay debajo: con frecuencia, ansiedad, insomnio o un cuadro depresivo previo. Cuando coexisten un trastorno mental y el consumo hablamos de dual diagnosis, y se tratan las dos cosas a la vez.
A partir de ahí el trabajo es psicoterapéutico e individual, con el Unified Transdiagnostic Model como marco: los desencadenantes, el contexto de consumo, el sueño y la gestión del malestar. En tratamiento de drogas sintéticas explicamos el circuito completo. Las sesiones son presenciales en nuestro centro de Chamberí, en Santa Engracia 141, o por videollamada; la frecuencia la decide el profesional tras la primera valoración y cada proceso es distinto: no trabajamos con plazos cerrados.
Y una precisión que conviene dejar clara: el uso médico de la esketamina en depresión resistente lo indica y lo administra un equipo sanitario en un entorno controlado. Consumir ketamina por cuenta propia no es una versión doméstica de ese tratamiento.
Fuentes
- Agencia Europea de Medicamentos. Spravato (esketamina): resumen del EPAR y ficha técnica. Autorización de comercialización en la UE: 18 de diciembre de 2019.
- Vizgan G, Huamán M, Rychik K, Edeson M, Blaivas JG. Ketamine-induced uropathy: a narrative systemic review of surgical outcomes of reconstructive surgery. BJUI Compass, 2023;4(4):377-384.
- Energy Control. Mercados de MDMA, cocaína y tusi en España (2025).
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