«Yo no voy a dejarlo» es una frase que se oye en una primera consulta más a menudo de lo que se cree. Lo que se hace con esa frase marca la diferencia entre una persona que no vuelve y una persona que sigue en contacto con un equipo sanitario. De eso trata la reducción de daños.

Qué es exactamente

Es un conjunto de intervenciones cuyo objetivo no es, en primer término, la abstinencia, sino limitar los daños asociados al consumo. Estas intervenciones nacieron en Europa en los años ochenta, durante la epidemia de heroína y la expansión del VIH, cuando quedó claro que exigir la abstinencia como requisito de entrada dejaba fuera precisamente a las personas en peor situación.

No es una alternativa al tratamiento ni una renuncia a él: es una forma de empezar cuando la otra no es posible todavía, y de mantener a la persona viva y en contacto con el sistema sanitario mientras tanto.

Qué dice la evidencia

Es uno de los campos con más respaldo en el abordaje de las adicciones. Las guías de la agencia europea sobre drogas y del centro europeo de prevención de enfermedades recomiendan el treatment with opioid agonists y la provisión de material de inyección estéril para prevenir la transmisión del virus de la hepatitis C y del VIH, y para reducir las conductas de riesgo y la frecuencia de inyección. Un hallazgo consistente es que el efecto aumenta cuando las intervenciones se combinan y alcanzan una cobertura suficiente: por separado rinden menos que juntas.

En España existen, además, programas de naloxona para llevar a domicilio —el antídoto que revierte una sobredosis de opioides— y programas de material estéril que llegan también al medio penitenciario.

Qué no es

  • No es «dar permiso». No modifica la decisión de consumir, que ya está tomada: lo que busca es reducir la probabilidad de que ese consumo acabe en una infección, una sobredosis o un accidente.
  • No es renunciar al tratamiento. Hay personas que entran por esta vía y se plantean la abstinencia más adelante, una vez establecido el vínculo terapéutico; cada proceso sigue su propio ritmo.
  • No es lo indicado cuando la persona quiere dejarlo. Si alguien llega decidido, lo que corresponde es un tratamiento dirigido a eso, no un plan de mínimos.
  • No sustituye a la valoración médica. Reducir daños no consiste en gestionar el consumo por cuenta propia a base de mejores hábitos.

Cómo lo aplicamos en consulta

En una clínica privada de adicciones esto se traduce en algo concreto: no exigimos abstinencia para la primera valoración, y no se interrumpe un tratamiento porque haya habido un consumo. Cuando la persona no se plantea dejarlo, el plan se construye con objetivos intermedios, verificables y revisables. Por ejemplo:

  • No mezclar sustancias, una de las situaciones asociadas a mayor riesgo —en particular depresores entre sí, o alcohol con cocaína.
  • No consumir estando solo, por el riesgo de que una sobredosis no sea atendida.
  • No conducir, y acordar de antemano cómo se vuelve a casa.
  • Proteger el sueño y la alimentación, que con frecuencia se alteran pronto y pueden contribuir a mantener el malestar.
  • Revisar el estado de salud: analítica, tensión, serologías cuando procede, y la valoración de un cuadro de ansiedad o de ánimo si está presente.
  • Reducir la frecuencia o la cantidad cuando la persona se ve capaz de intentarlo, con un objetivo pactado y una fecha para revisarlo.

Lo importante del método es que el objetivo queda escrito y se revisa. Un plan de reducción de daños sin fecha de revisión se convierte en un acompañamiento indefinido, y eso ya no es tratamiento.

Cuándo cambia el objetivo

Casi siempre, cuando lo cambia la persona. Y suele haber un desencadenante concreto: un episodio que asusta, una consecuencia laboral, un resultado médico, una conversación en casa. Por eso la posición desde la que se trabaja importa tanto: si cuando llega ese momento la persona tiene a quién llamar, el cambio de objetivo puede abordarse enseguida; si quedó fuera del circuito en la primera consulta porque no estaba lista, puede no llegar a plantearse.

También hay un límite que conviene decir con claridad: cuando el riesgo vital es inmediato o hay un cuadro psiquiátrico grave, el plan deja de ser de mínimos y pasa a ser una indicación médica, que puede incluir desintoxicación supervisada o ingreso. Reducir daños no significa aceptar cualquier escenario.

Y si quien lee esto es la familia

Esta es la parte más difícil de aceptar desde fuera: un plan que no empieza exigiendo abstinencia parece una claudicación. En la práctica suele ocurrir lo contrario, porque el enfrentamiento continuado tiende a deteriorar el vínculo y, con él, la única vía de influencia que queda. En información para familiares explicamos cómo sostener esa posición sin convertirse en vigilante, y cómo cuidar el propio desgaste, que también necesita atención.

Si quieres ver cómo se organiza el tratamiento completo cuando llega el momento, está en nuestro método. Las consultas son presenciales en Santa Engracia 141, en Chamberí, o por videollamada.

Fuentes

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    Ángela López Herrera
    Escrito por Ángela López Herrera
    Psicóloga Sanitaria (Col. M-44678) en UniAdic (Madrid). Especializada en el tratamiento psicológico de las adicciones y la salud mental. Conoce al equipo →