El uso problemático del móvil es uno de los motivos de consulta que más ha crecido en los últimos años. No figura como diagnóstico propio en las clasificaciones actuales: la CIE-11 de la Organización Mundial de la Salud reconoce el trastorno por juego de apuestas y el trastorno por uso de videojuegos (código 6C51), pero no la «adicción al móvil». Que no tenga una etiqueta propia no significa que no haya malestar: lo que llega a consulta es una pérdida de control sobre el uso del teléfono que acaba afectando al descanso, a los estudios o al trabajo y a las relaciones.
El móvil, además, casi nunca es el destino: es la vía. Detrás del uso compulsivo del teléfono suele haber algo más concreto —redes sociales, juego de apuestas en línea, videojuegos, compras o pornografía—, y entender qué sostiene ese uso es la primera parte del trabajo clínico.
Qué dicen los datos en España
La encuesta ESTUDES, del Observatorio Español de las Drogas y las Adicciones, mide el posible uso problemático de internet entre estudiantes de 14 a 18 años con la escala de uso compulsivo de internet (CIUS). En 2023, el 20,5 % de los estudiantes puntuó por encima del umbral: el 15,3 % de los chicos y el 25,9 % de las chicas. En 2021 la cifra había sido del 23,5 %, de modo que la comparación entre oleadas no muestra un crecimiento sostenido, aunque el cribado sigue señalando a uno de cada cinco estudiantes de esas edades, con mayor frecuencia entre las chicas.
Conviene leer el dato con cuidado: una escala de cribado señala un posible uso problemático, no un diagnóstico. Sirve para dimensionar el fenómeno, no para etiquetar a nadie.
Cuándo el uso del móvil deja de ser corriente
No hay un número de horas que marque la frontera. Lo que orienta es el patrón, y los criterios que se usan en conductas afines apuntan a tres cosas: pérdida de control, prioridad creciente sobre el resto de la vida y continuidad a pesar de las consecuencias. En consulta lo reconocemos por señales concretas:
- Pérdida de control sobre el tiempo. La persona se propone un rato y acaba pasando horas; intenta reducirlo por su cuenta y no lo consigue.
- El móvil por delante de lo demás. Se abandonan planes, aficiones o tareas que antes importaban, y el teléfono ocupa el hueco que dejan.
- Seguir aunque haya consecuencias. Suspender asignaturas, llegar tarde al trabajo o discutir en casa no cambia el uso.
- Malestar al no poder usarlo. Inquietud, irritabilidad y necesidad de comprobar el teléfono cuando no está disponible.
- Sueño alterado. El uso en las horas previas a dormir retrasa la hora de acostarse y se asocia con menos horas de sueño y peor descanso; influyen tanto la luz de la pantalla, que puede retrasar la secreción de melatonina, como el efecto activante de determinados contenidos.
- Atención fragmentada. Dificultad para sostener una tarea sin interrumpirla para mirar el móvil, con el coste correspondiente en rendimiento académico o laboral.
- Menos vida fuera de la pantalla. La conexión es constante, pero el contacto presencial se reduce y aparece la sensación de aislamiento.
Un episodio aislado, o una temporada de uso intenso por una situación concreta, no constituye un problema clínico. Lo que se valora es un patrón sostenido durante meses que interfiere de forma clara en la vida diaria.
Lo que vemos en consulta
Pocas veces el uso del móvil llega solo. Con frecuencia aparece junto a ansiedad, ánimo bajo, insomnio o dificultades de atención que ya estaban antes, y el teléfono funciona como una forma rápida de rebajar ese malestar. Cuando coexisten un problema de salud mental y una conducta adictiva hablamos de dual diagnosis, y el tratamiento debe atender a ambas de forma coordinada; abordar solo una de ellas se asocia a un mayor riesgo de recaída.
En adolescentes y jóvenes hay además un factor propio de la edad: la búsqueda de validación a través de la respuesta de los demás en redes sociales, en un momento en el que el grupo de iguales es central en la construcción de la identidad. Esa dependencia del reconocimiento ajeno repercute en la autoestima y es un objetivo terapéutico por sí misma.
Adolescentes y familias: qué ayuda y qué no
Retirar el teléfono de golpe y sin acuerdo suele terminar en un conflicto que no modifica el uso. Lo que sí ayuda es más lento y menos vistoso:
- Acordar normas concretas y sostenibles —dónde se carga el móvil por la noche, qué momentos del día quedan sin pantallas— en lugar de prohibiciones generales que nadie puede cumplir.
- Recuperar actividades que compitan de verdad con la pantalla: deporte, planes con amigos, tareas con responsabilidad propia.
- Que los adultos revisen también su propio uso: las normas que no se aplican en toda la casa pierden valor.
- Separar el problema de la persona. Reprochar el carácter («eres un vago», «estás enganchado») endurece la posición del adolescente y cierra la conversación.
Cuando el conflicto ya está instalado, trabajamos también con la familia. En información para familiares explicamos cómo acompañar sin convertirse en vigilante, y en nuestro programa para adolescentes, cómo se organiza el tratamiento cuando el paciente es menor de edad.
Cómo se trata en uniadic
El tratamiento es ambulatorio y se organiza en tres pasos:
- Initial Assessment con un profesional sanitario del equipo: qué uso hay, desde cuándo, qué función cumple y qué otras dificultades lo acompañan. De ahí sale el plan, no de un protocolo cerrado.
- Individual Psychotherapy, con el Unified Transdiagnostic Model como marco: se trabaja sobre lo que sostiene la conducta —la regulación del malestar, la evitación, el sueño, la organización del día— y no solo sobre las horas de pantalla. No hacemos terapia de grupo: el trabajo es individual, con sesiones familiares cuando están indicadas.
- Objetivos verificables y revisables: recuperar horario de sueño, devolver el móvil a su sitio en la jornada, reintroducir actividades abandonadas. La frecuencia de las sesiones la decide el profesional después de la primera valoración, y cada proceso es distinto: no trabajamos con plazos cerrados.
Las sesiones son presenciales en nuestro centro de Chamberí, en Santa Engracia 141, o por videollamada si la persona vive fuera de Madrid o le resulta más fácil mantener la continuidad así.
Cuándo pedir una valoración
Tiene sentido consultar si el patrón se mantiene desde hace meses, si ya se ha intentado reducir el uso por cuenta propia sin conseguirlo, si hay repercusión en el sueño, en los estudios o en el trabajo, o si en casa el móvil se ha convertido en el centro del conflicto. La valoración no compromete a nada más: sirve para saber qué está ocurriendo y qué conviene hacer.
Fuentes
- Observatorio Español de las Drogas y las Adicciones, Delegación del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas. Informe sobre adicciones comportamentales y otros trastornos adictivos (datos de ESTUDES 2023, escala CIUS).
- Organización Mundial de la Salud. CIE-11, trastornos debidos a comportamientos adictivos: trastorno por juego de apuestas y trastorno por uso de videojuegos (6C51).
Would you prefer that we call you?
Déjanos tu nombre y tu teléfono y te llamamos. La atención es confidencial.
O llámanos al 919 931 645 · de lunes a viernes de 10:00 a 22:00 y sábados de 10:00 a 15:00.

