Es la situación más frecuente de todas: la familia ve el problema con claridad y la persona no lo
reconoce, o lo reconoce y no quiere hacer nada. La pregunta que llega a consulta casi siempre es la
misma: «¿puedo hacer algo si él no quiere?». Sí, se puede. Y lo primero que conviene entender es por
qué se niega.

Por qué se niega

Rara vez es terquedad. Debajo de la negativa suele haber alguna de estas cosas:

  • No se reconoce en la etiqueta. Tiene una imagen de lo que es una adicción que no
    se parece a su vida: él trabaja, paga sus facturas, no ha perdido nada todavía.
  • Miedo a lo que viene. A dejar de tener lo único que le calma, a un ingreso, a
    que se enteren en el trabajo.
  • Vergüenza. Pedir ayuda es admitir que no puede solo, y eso cuesta más de lo que
    parece.
  • Intentos anteriores fallidos. Si ya lo intentó y no salió, «no sirve de nada» es
    una conclusión razonable desde dentro.

Saber cuál de las cuatro pesa más en vuestro caso cambia por completo cómo se le plantea.

Lo que la familia puede hacer sin esperarle

Dejar de sostener las consecuencias

Mientras alguien paga las deudas, justifica las faltas y arregla los destrozos, el problema le
cuesta poco a quien lo tiene. Retirar ese sostén no es un castigo ni dejar de querer: es dejar de
amortiguar una realidad que, cuando se siente, es lo que suele mover a pedir ayuda.

Cambiar cómo se habla del tema en casa

Pasar del reproche a la descripción. De «eres un desastre» a «el jueves no viniste a cenar y el
viernes faltaba dinero». Los hechos son difíciles de discutir; las etiquetas se discuten siempre.

Preparar la propuesta antes de necesitarla

Las ventanas se abren solas y se cierran rápido: una resaca mala, un aviso en el trabajo, una
discusión de pareja, un susto médico. En ese momento no sirve «tienes que hacer algo». Sirve «he
llamado, es en Chamberí, son 50 minutos, y puedes ir el jueves a las siete». Tener eso
preparado es, probablemente, lo más útil que puede hacer una familia.

Cuidar vuestro propio desgaste

No es un consejo de cortesía. Una familia agotada reacciona peor, cede antes y sostiene menos los
límites. Atender ese desgaste mejora la ayuda que podéis dar.

Lo que no funciona

  • Insistir todos los días. La repetición desgasta el mensaje y la relación.
  • Las reuniones familiares por sorpresa. Sin un profesional que las prepare y las
    conduzca, suelen acabar en acusaciones y en un portazo.
  • Los ultimátums que no se van a cumplir. Cada uno que se incumple resta
    credibilidad al siguiente.
  • Esperar a que «toque fondo». No hay ningún fondo garantizado, y mientras se
    espera se acumula daño. Intervenir antes es mejor que intervenir después.

Cuándo hay que dejar de esperar

Hay situaciones en las que no conviene seguir en el terreno de la persuasión:

  • Si hay riesgo para la vida, ideas de suicidio o autolesiones.
  • Si hay menores en casa en situación de desatención.
  • Si hay violencia, en cualquiera de sus formas.
  • Si hay deterioro físico o cognitivo rápido, o consumo de alcohol con síntomas de
    retirada.

En esos casos la consulta no puede esperar a que la persona quiera.

¿Y se le puede ingresar sin que quiera?

Es la pregunta que sigue casi siempre. La respuesta corta es que en España un ingreso involuntario
no lo decide la familia: requiere autorización judicial y se reserva para situaciones muy concretas.
Lo explicamos con detalle en el artículo sobre si
se puede
ingresar a un familiar sin su consentimiento
.

Cómo os podemos acompañar en UniAdic

En UniAdic el familiar tiene su propio espacio. La consulta de orientación a
familiares
se realiza en el centro o por videollamada, dura 50 minutos y tiene un coste de
85 € por sesión. No es necesario que la persona que consume lo sepa ni que esté de
acuerdo: con lo que contéis vosotros ya se puede orientar.

Si más adelante la persona da el paso, su primera valoración dura 50 minutos y tiene el mismo coste que el resto de sesiones de psicoterapia individual, desde 85 €. El plan se detalla en la propia valoración, antes de empezar. La frecuencia la define el profesional sanitario
que la atienda. Cada proceso es distinto y no trabajamos con plazos cerrados.

Trabajamos siguiendo el Modelo Unificado Transdiagnóstico (MUT): entendemos la
adicción como un problema de salud que afecta a la persona entera y a quienes la rodean. Por eso el
trabajo con la familia no es un añadido, es parte del tratamiento.

Puedes leer la guía completa en cómo ayudar a un familiar con una adicción, o
llamarnos al 919 931 645 (lunes a viernes de 10:00 a 22:00 y sábados de 10:00 a
15:00). Estamos en Santa Engracia 141, Chamberí (metro Cuatro Caminos, Canal o Ríos Rosas). La
atención es confidencial.

Este artículo es informativo y no sustituye una valoración profesional.

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Escrito por Alfonso Royo Argandoña
Psicólogo General Sanitario (Col. M-38314). Especialista en evaluación y tratamiento de adicciones y patología dual en UniAdic (Madrid). Conoce al equipo →